Cliente: Privado
Situación: Castromayor, Lugo, Galicia
Estado: Segundo Premio
Superficie: 280 m²
Autores: Joaquín Mosquera, Syra Abella
El Castro de Castromaior se ofrece al caminante, oculto tras una grieta. Lo que antes era una fortificación, ahora es un paisaje de apariencia natural que, agrietado, nos conduce a un sorprendente interior. De la misma manera, el nuevo centro de visitantes se levanta para recrear una naturaleza de carácter atemporal. Una grieta se ofrece así en el camino, sin estridencias formales, para que el peregrino tenga la opción de elegir un alto en su viaje, una parada voluntaria, o seguir su recorrido por el verde paisaje natural.
El proceso de formalización del proyecto incluye entonces tres pasos: una recreación volumétrica naturalizada, una grieta para las circulaciones y accesos y una perforación interior para contener el programa.
Debido en gran parte a las importantes diferencias de cotas altimétricas, y a los dos frentes principales del solar al Camino y a la carretera, las circulaciones se dividen en tres: un acceso en el sentido de llegada del peregrino a cota inferior de la parcela (0.00 m.), una salida del centro al camino en su cota superior (+9.00 m.), y un acceso de vehículos protegido de las vistas desde la plaza interior (+9.00 m.). Las tres confluyen en el espacio central de la plaza, a +6.50m.
La plaza interior de la grieta es el espacio de reunión principal y el lugar central de la propuesta, convirtiéndose así en claro referente en el camino. Los tres programas generales vuelcan a él, accediéndose mediante un espacio cubierto que nos recuerda a las galerías cubiertas gallegas protegidas del clima, dándonos la bienvenida a los programas interiores y generando un espacio que vale de descanso fundamental en el recorrido del Camino así como de otros usos públicos como exposiciones o presentaciones eventuales.
La piedra es el material fundamental de la propuesta, aquel que contiene las tierras y se transforma en fachadas interiores opacas. Los pavimentos serán de la misma piedra oscura, en grandes piezas de proporción longitudinal. El vidrio dota de transparencia y luz a los espacios interiores, que horadan la piedra con cálida madera
La luz recorre el espacio interior y sus rugosas superficies pétreas, cambiando según la hora, marcando líneas verticales, como estacas que nos recuerdan al bastón que el peregrino porta, el mismo que Jesucristo llevó en su recorrido, y que nos traslada al propio peregrino, entre los bosques del Camino y sus altos troncos. Esta vez, el peregrino se sienta a descansar, y protegido por la grieta podrá observar el camino del Sol al bañar sus superficies, antes de proseguir su camino.